|
¿Qué pasa con Vega Baja?
En las
ciudades existen esencialmente dos tipos de espacios no construidos. Están
aquellos que están perfectamente planificados e integrados en la trama urbana
como los parques y las vías de comunicación, y están aquellos que pueden
considerarse más como "vacíos urbanos", y que son aquellos espacios de la
ciudad que están a la espera de su urbanización y que se encuentran muy a
menudo acotados por otras construcciones. Así los "solares" son espacios no
construidos, vacíos, que algún día lo serán. Estos lugares permanecen en esta
situación temporal durante más o menos tiempo. Las razones de su "estado" vacío
son muchas y pueden ir desde la reserva consciente para aprovecharse de la
especulación, o, lo contrario, les puede ocurrir que los "dueños" hayan dejado
pasar la oportunidad para ganar dinero y el lugar no se halla revalorizado como
se esperaba.
En el caso
de Toledo, uno de los lugares más paradigmáticos de este tipo es la Vega Baja.
¿Qué es este espacio no construido de la ciudad?: un inmenso solar no
"explotado" aún, o, un espacio con vocación de articulador de la ciudad con una
especificidad concreta, nacida de la historia y del valor del paisaje, que le
da un valor tan alto que sobrepasa los cánones mercantiles y que adquiere
demasiado valor para ser destinado a ser receptáculo de una urbanización de
tipo clásico, es decir, para ser construido.
Los
espacios vacíos son, en general, efímeros ya que esperan, más o menos tiempo, a
ser llenados y construidos. Sin embargo, el espacio de la Vega Baja, su vacío,
su ausencia de integración en la macización de la ciudad, existe desde
hace mucho tiempo, casi desde los tiempos alto medievales. Esta situación tan
específica que dura tantos siglos tiene que hacer reflexionar. Parece que,
tímidamente, sólo la Fábrica de Armas se atrevió a ocupar una parte de este
lugar y luego ya en la segunda mitad del siglo pasado, sin muchos miramientos,
se construyó en San Pedro el Verde. ¿Fue una "maldición" lo que impidió la
disponibilidad de los terrenos? ¿Fue falta de voluntad o una cierta conciencia
colectiva que presumía que ese lugar es especial y está destinado a ocupar un
lugar diferente en la trama urbana porque su lugar, su vacío, su ausencia de
volúmenes, está legitimado por su contribución al paisaje global de Toledo,
además de esconder restos materiales del pasado que en su mayoría ya han
desaparecido pero que se sabe que estuvieron allí? Parece que la Vega Baja es
un sitio, de historia y paisaje, que merece una reflexión y un tratamiento muy
especial.
Recientemente
he leído unas declaraciones del Alcalde de Toledo, el Sr. García-Page, en las
que venía a decir que en la intervención futura en la Vega Baja no va a admitir
influencias de la Plataforma X Toledo y de la UNESCO. Probablemente yo estoy
equivocado, pero me da la sensación que sus palabras revelan dos hechos. El
primero es que el Sr. Alcalde ya tiene una idea concreta de "urbanización" de
Vega Baja, y si es así, debería de manifestarla claramente, y en segundo lugar
que no demuestra mucha estima por esas organizaciones mencionadas y, sobre
todo, no muestra mucha estima, en este caso, por el diálogo y el trabajo
realizado en base al consenso social. Además, incluso si el Sr. Alcalde estima
que sus ideas sobre este asunto se identifican e interpretan el sentir de la
mayoría de los toledanos, lo cual es posible, no puede olvidar, el Sr.
García-Page, que la ciudad de Toledo es Patrimonio de la Humanidad con el
amparo de la UNESCO que es una organización de las Naciones Unidas (ONU) a la
que pertenece el Reino de España y que se encarga por velar a nivel mundial de
la Educación y de la Cultura. En este sentido Toledo, y la Vega Baja, no
pertenecen exclusivamente a los toledanos y, por delegación a su alcalde, ya
que pertenece a la humanidad.
Por lo
tanto toda actuación sensible con la condición de Toledo como Ciudad
perteneciente al Patrimonio Mundial debe de ser consensuada con el tejido local
de la ciudad, pero también con los órganos internacionales encargados de velar
por la conservación del Patrimonio cultural y de traspasarlo en las mejores
condiciones futuras a las próximas generaciones.
En la
legislatura anterior, el actual Concejal de Movilidad y entonces concejal en la
oposición, D. Rafael Perezagua, defendiendo las mismas tesis que el anterior
alcalde de Toledo, el Sr. Molina, llegó a mantener que, en el "asunto Vega
Baja", no iban a venir los de fuera a decir lo que tenían que hacer los
toledanos. Más tarde, el Gobierno Central y el Gobierno Regional, atendiendo
los informes de UNESCO, paralizaron la operación de construcción de viviendas
en la Vega Baja, tal vez porque entendieron que una actuación en un lugar tan
especial requiere un trabajo muy consensuado entre personas e instituciones de
nivel local, regional, nacional y mundial por la categoría que corresponde a
Toledo, como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Los
planteamientos del Sr. Alcalde y de su Concejal son similares, antes y ahora:
se olvidan de que Toledo pertenece a una categoría especial de ciudades en el
mundo: la de aquellas que son Patrimonio de todos, de toda la humanidad,
presente y futura. Las grandes decisiones sobre Toledo transcienden del ámbito
local y adquieren categoría mundial. Les guste o no, es preciso tener en cuenta
a las instituciones interesadas en el diseño de la ciudad, en especial a la
UNESCO.
Vengo
defendiendo desde hace tiempo que el planteamiento y planeamiento de futuro de
la ciudad de Toledo, no puede obedecer a impulsos concretos, que se necesita
elaborar un Plan Estratégico de Ciudad en el que la sostenibilidad y el
ambientalismo sean ejes mayores. No debe de ser despreciable soñar con que Vega
Baja se transmute en ese espacio esencial de la ciudad que ponga en valor la
historia y el paisaje urbano. Se puede soñar en que el consenso social elabore
un proyecto en el que Vega Baja sea un eslabón específico y fundamental en el
sistema urbano de Toledo que ponga de relieve un desarrollo basado en la
reconfiguración ecológica asentada en corredores ecológicos y en catalizadores
urbanos que articulen los distintos barrios. La Vega Baja y su relación con el
río, con la historia y con el paisaje puede muy bien ser un nodo fundamental de
articulación de una ciudad basada en un modelo de cultura y de sostenibilidad
ecológica. Al fin y al cabo la ciudad de Toledo es un ejemplo cultural de la
producción humana a lo largo del tiempo que ha sabido conservar tesoros del
pasado que es preciso transferir al futuro.
José Luis
Rubio Rojo
|